El ciclo Mendelbaum 100% musical

Una familia singular como metáfora de lo social.

Por Adriana Lauro.

La última producción de Sebastián Kirszner reafirma que el director y autor ha podido acuñar un estilo propio y esa condición es  muy difícil de lograr.  Con una estética con rasgos reconocibles de trabajos anteriores en ” El ciclo Mendelbaum” confluye y se consolida la búsqueda en torno a la dimensión de lo ” espectacular”. La idea de poner en acción un musical , con actores que cantan, músicos en vivo, coreografías, potencian todo el tiempo el itinerario del tema en cuestión y logra picos muy altos de resolución escénica.

Con apariencia de disparate  la trama gira en torno al reencuentro  de una familia de origen judío, los Mendelbaum,  en ocasión de la muerte del zeide. A partir de ese disparador con vueltas hacia atrás en el tiempo,  se va reconstruyendo la historia familiar, donde no faltan las disputas por la herencia, las particularidades de los tres hermanos del clan, las cuñadas y el folklore reconocible en cualquier familia. Uno de los hermanos , caso típico también, ha tomado distancia de la constelación familiar y se ha ido ha vivir al campo. Allí armó su vida, enviudó  y crió sólo a su hijo Matías que es…  un toro. Esta condición animal, se revela y estalla  en el velorio ya que es la primera vez que se presenta ante la familia. El momento histórico de la pieza, remite al año 2001 y la crisis de la clase media que vio derrumbados sus sueños de consumo y bienestar. Con mucha ironía  el autor pone a jugar en ese contexto  a los personajes, potenciado la crisis familiar con la crisis social y poniendo en evidencia todas las conductas imaginables.  El joven toro Matías , es quizás el más humano de ese colectivo,  simple y puro, que demuestra sus afectos sin filtro, como también expresa sus verdades.

Si algo faltara para completar este friso, el dispositivo escénico  funciona a la perfección. Partiendo de  los abuelos  que supervisan desde sus retratos en altura el drama familiar y no tienen problema en irrumpir en escena cuando es necesario, hasta los músicos en vivo  aportando una cuota de gran disfrute al espectáculo, todo funciona como un mecanismo de relojería. Los actores  con gran solvencia, transitan la interpretación sumando canto y baile en un espacio reducido , lo que  supone un gran desafío de desplazamiento.

Todos los rubros son destacables, la escenografía, el vestuario, maquillaje. La  dirección musical, con música original  que fusiona ritmos de diversas vertientes,  es un hallazgo digno de destacar, lo mismo que las letras de las canciones.

El humor es el hilo conductor de toda la pieza. Contiene todos los colores: negro, chistes, payadas, aires de vodevil, todo encaja para divertirse y reír de nuestras propias contradicciones. Y ese fin último, que algo se movilice en el espectador, está ampliamente cumplido. Vale mencionar la calidez de la sala en el nuevo espacio La Pausa que Sebastián Kirszner inauguró el año pasado y que juega un rol preponderante en esta puesta.

Funciones

Viernes 22.30 y sábados 20.30

(LA PAUSA) TEATRAL Av. Corrientes 4521 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Web: http://www.lapausateatral.com.ar/

Ficha técnico artística

Libro: Sebastián Kirszner

Actúan:

Luis De Almeida , Maqui Figueroa, Augusto Ghirardelli, Mauro González, Ignacio Goya, Daniel Ibarra, Eduardo Lázaro, Belén López Marco, Sebastián Marino, Julieta Puleo, Mariela Rey.

Músicos:
Mauro González, Ignacio Goya, Eduardo Lázaro, Mariela Rey
Escenografía:
Lola Gullo
Maquillaje:
Eliana Guzmán
Diseño de vestuario:
Mariela Rey
Diseño de luces:
Sebastián Kirszner
Realización de vestuario:
Eliana Guzmán, Mariela Rey
Música original:
Sebastián Aldea, Eduardo Lázaro
Letras de canciones:
Sebastián Aldea, Daniel Ibarra, Sebastián Kirszner
Arreglos musicales:
Sebastián Aldea, Ignacio Goya, Eduardo Lázaro
Producción:
La Mirilla Producciones
Coreografía:
Fabiana Maler
Dirección musical:
Sebastián Aldea
Dirección:
Sebastián Kirszner

 

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