Alfredo Martín: “Somos tan hijos del sainete y el melodrama como del grotesco”

A puro teatro entrevistó a Alfredo Martín, director de ” Los Derechos de la Salud” versión de la obra homónima del dramaturgo rioplatense Florencio Sánchez.  Dramaturgo, director, psiquiatra y psiconalista, Martín nos contó el proceso creativo de esta excelente versión, que puede verse todos los viernes a las 20.30 en el Teatro Andamio 90, Paraná 660. Su próximo desafío, una versión de “La Tempestad”, una de las últimas obras de Shakespeare

Por Adriana E. Lauro

Una obra que muestra los diferentes estados de una familia devorándose a sí misma”.

¿Por qué elegiste llevar a escena esta obra?

Me resultó muy estimulante encontrarme con esta obra por varias razones. El tema de la salud y de la enfermedad está planteado de una forma realmente exhaustiva y compleja. En ella el daño del padecimiento infeccioso, la tuberculosis y su tratamiento, provoca patologías no solo en lo biológico sino también sobre lo psicológico y lo simbólico familiar. Por otro lado, pensando que fue escrita en 1907, su estructura tiene una visión adelantada a su tiempo, ya que los conflictos combinan la denuncia social y, al mismo tiempo, una fibra humana más íntima. Otro elemento muy fuerte y atractivo es el surgimiento de un amor prohibido, entre la hermana de la enferma y su marido, las posibilidades concretas de realización de ese vínculo, aparentemente “sucio”, le sirve a Florencio Sánchez para plantear la lucha entre las fuerzas instintivas y morales del hombre; y también para adentrarnos en cuestiones inherentes a la vida y la muerte.  Y al haber hecho una primera versión reducida en 2015 en el Teatro Querida Elena, dentro del ámbito de la Intervención en homenaje al autor (que se desarrollaba en una casa de principios del siglo pasado, rompiendo la cuarta pared) surgió el deseo de trabajar la obra en forma completa. Así fue que continuamos y profundizamos la idea madre de sacar del acontecimiento teatral tanto la platea como las butacas. Los actores y los espectadores comparten el mismo espacio escénico. Cada uno de los integrantes del público decide desde dónde mirar; elige el lugar desde el cual experimentar la acción dramática.

¿ Además de director, tu formación como psicoanalista y psiquiatra, te hizo ver que frente a la presencia de la enfermedad en el seno de una familia, se verifican ciertas constantes, más allá de la época histórica?

Sí, tal cual, por eso creo que podríamos pensar que la tuberculosis de la historia, bien podría ser hoy reemplazada por el SIDA, o por el cáncer y la situación tendría muchas similitudes. Es evidente como, con el afán de ayudar y colaborar con el ser querido que padece, podemos reducirlo y someterlo a un cuidado que lo asfixia, aún más que su propio diagnóstico médico. O bien al ocultarle información sobre su real estado para no lastimarlo, le impedimos elegir con libertad qué conducta tomar. Y el saber médico, por otro lado,  siempre considerado irrefutable, termina por imponer medidas de un orden que pueden llegar a ser tan crueles como desatinadas. En éste sentido, me gusta pensar que se trata de una obra que muestra los diferentes estados de una familia devorándose a sí misma.

¿El recurso de invertir el espacio, es decir, que público y actores convivan en el lugar del drama, cómo surgió?

Es una especie de paradoja que tomamos en relación a las prescripciones médicas. Los facultativos en esa época preantibiótica, sugerían el aislamiento del enfermo por temor al contagio. Nosotros decidimos todo lo contrario, acercarnos lo más posible a Luisa, y a su tos, de manera que podamos percibir sus miedos y sus agonías desde adentro. Esa cercanía tiene opciones ya que cada espectador puede adoptar el lugar que considere más apropiado, para observar lo que sucede y tiene riesgos, porque el bacilo de la tuberculosis está entre nosotros. Y es sorprendente e inquietante en cada función porque al romper el binarismo actor-público, se produce un entrecruzamiento entre lo real de la ficción y la realidad de lo que le sucede al público, que ya no es un mero espectador sino que vive el drama a diez centímetros de distancia.

¿Qué les pediste a tus actores?. Me refiero a la propuesta de trabajo en función del tema.

Qué no les pedí a los actores. ( Risas).Fuimos trabajando muy intensamente, en principio para encontrar un lenguaje de actuación que fuera el más adecuado, porque ya no se trataba solamente de hacer un melodrama, sino de hacernos cargo de ese traslado. Teníamos un material clásico en medio de una puesta contemporánea, casi al borde de lo performático, esto nos ocupó un buen tiempo.  Acciones simultáneas en espacios que convivían, qué pasaba en el patio mientras se discutía en el comedor, elipsis de tiempo, etc. Y también el tema de trabajar lo que serían las situaciones límites de cada personaje, cuando los conflictos estallan pero hay que seguir adelante. Eso produce un enrarecimiento que es al mismo tiempo una naturalización. La cercanía nos pedía una naturalidad casi cinematográfica, pero estábamos dentro de un teatro con distintas distancias de expectación. Nos interesaba el complot, lo no dicho en medio de una obra donde se dice  bastante.

Respetaste la época y el género.¿Es una manera de reivindicar géneros propios del río de la Plata, como el sainete, el melodrama, etc.?

Me parecía que había algo histórico en la obra que se podía recrear  y transgredir al mismo tiempo. Ese universo que expone Florencio Sánchez forma parte de nuestra herencia dramatúrgica y teatral, somos tan hijos del sainete y el melodrama como del grotesco. Intentar transitar por esos géneros nos replantea nuestro hacer artístico actual, y nos da una medida del recorrido efectuado. Por otro lado,  toda visita a una época anterior, desde una mirada actual, implica contemporización, porque no sabemos a ciencia cierta cómo se pensaba en ella y nuestra subjetividad ha cambiado consciente e inconscientemente. La percepción del tiempo y el espacio eran muy distintos así como también la relación con la idea de progreso. Lo que permanece es esa confrontación entre las fuerzas instintivas y las morales en cada ser humano.

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto?

Sí, estamos ensayando “La tempestad”, una de las últimas obras de Shakespeare, con la idea de estrenarla en Andamio, en la segunda parte del año. Allí me hago cargo de la versión y la dirección también.

Sobre Alfredo Martín

Nació en Corrientes. Vive en Capital Federal. Actor. Director teatral. Dramaturgo. Otros títulos y actividades: Médico Psiquiatra, Psicoanalista. Docente de la escuela metropolitana de Arte Dramático.

Últimos trabajos

2016 Los derechos de la salud .Versión sobre la obra de Florencio Sánchez. Teatro Andamio 90

2016 “Nocturno Hindú” .Versión sobre la novela de A. Tabucchi Teatro El Portón de Sanchez

2015/16 “Pessoa escrito en su nombre” Sobre vida y obra de Fernando pessoa Teatro Andamio 90 Espectáculo con 13 nominaciones: Premios Florencio Sánchez, María Guerero, Luisa Vehil y Teatros del Mundo. Mejor director 2015 Premio Luisa Vehil.

2015 “La Metamorfosis” .Teatro Del Borde

2014/15 “Frankenstein, la criatura sin nombre”. Teatro Andamio 90 con Grupo Los Gascones.

 

 

 

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